Llegar a destino fue llegar al infierno, el sol abrazaba la calle y la siesta se movía lenta,
como diosa de pueblo fantasma por las veredas grises del misterio.
Todo estaba seco, seguía seco.
Trazos de pueblo de tierra, paisajes chatos y casitas barridas por el viento.
Gente que trae de lejos el agua y gente que huye aun más lejos.
Así era el pueblo.
Los pasajeros buscaron la sombra -que era poca- a esa hora de enero, y achicando los ojos miraron pasar despacio a una mujer que se recortaba contra el cielo.
Era Juana moviendo el pelo.
Y tras ella las nuebes, y tras ella los vientos…
…y con ella el agua que les devolvía el cuerpo.
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Este relato nacio de un twitteo de Juana, que algunos entendimos mal.